Un alud en la montaña aragonesa

La gran mayoría de los integrantes de la mesa de las montañas sabía que tarde o temprano dejarían de converger las posturas y se rompería el espíritu de conciliación y consenso con el que se impregnó un foro de debate que estaba abocado a la ruptura. Las posturas bien diferenciadas entre las tesis ecologistas y los planes estratégicos del Gobierno acabaron la semana pasada con el abandono cautelar de ese punto de encuentro para conciliar el desarrollo de la nieve y los planes turísticos con la sostenibilidad y el respeto medioambiental.

Una filtración interesada aceleró la ruptura. Fue el día de San Valero. La ampliación de Cerler, contada al detalle en un medio de comunicación, provocó lo que se esperaba tarde o temprano. El PSOE, que ha apostado fuerte esta legislatura por la participación ciudadana, mostró su malestar por esa filtración. Pensaban presentar este proyecto a la semana siguiente, de forma pública y después de avisar a todas las partes. Junto a un mapa de la nieve que el martes por la mañana se registrará en las Cortes. Ese mapa, redactado desde hace varias semanas, se ha guardado en un cajón aunque estaba previsto haberlo hecho público hace varios días. Las sospechas apuntaban hacia un lado, el Partido Aragonés. Diversos dirigentes socialistas han confirmado estas suspicacias. Es sabido que el PAR no cree en esta ley, se conforma con directrices parciales y apuesta por la nieve y los megaproyectos como alternativa de futuro para Aragón. Con escaso interés por el diálogo con los colectivos que no comulgan con sus postulados. Sin embargo, lo que fue un enfado monumental y la sensación de que alguien se había empeñado en boicotear el trabajo realizado –en 15 sesiones desde el verano– se tornó pocos días después en otra cuestión: la Plataforma en Defensa de las Montañas, al anunciar su marcha y decir que apenas se había hablado de esta ampliación de la pista de esquí de Castanesa y de que se había declarado de interés general este proyecto, dejó al descubierto sus cartas. El Gobierno les recordó que conocían el proyecto. Incluso aseguran que Iglesias les informó personalmente el pasado mes de abril. En diciembre de hace un años, cinco organizaciones conservacionistas presentaron alegaciones a la declaración de interés general del proyecto. El trámite siguió su curso y pilló desprevenidos a los ecologistas.

Aunque es poco edificante que en pleno debate el Gobierno continuara el curso de un proyecto que puede ser discutible en su concepto, el Ejecutivo autonómico considera que entraba dentro de las previsiones que los verdes se levantaran de la mesa. Y piensan que es un error estratégico. Aún así, la plataforma tomará la decisión definitiva el próximo 23 de febrero. Antes, pasado mañana, la mesa volverá a reunirse, esta vez sin los ecologistas.

El trabajo seguirá sin ellos, y hay quien incluso duda de que su papel haya sido preponderan te en la mesa. Ellos, por su parte, consideran que la mesa era una buena idea. Pero se insiste en que el trabajo sigue hacia delante sin su presencia en las negociaciones. Es más. Ni su papel ni su peso han sido tan relevantes como ha podido parecer. No hay que olvidar que son una minoría, dicen fuentes del Gobierno. Eso sí, sorprende la reacción ciertamente virulenta y casi ofendida de los verdes, cuando sabían perfectamente todos los detalles de la ampliación de Cerler. Las organizaciones y las actas de los plenos dan buena fe de que los conservacionistas sabían al dedillo todo lo que entrañaba Castanesa.

Es decir, los ecologistas conocían los detalles de la ampliación de Cerler. Incluso podían estar de acuerdo en muchos de los puntos. Pero esa postura difícilmente encajaba en el interior de unos movimientos de carácter asambleario en los que los planteamientos referentes a Castanesa no tenían cabida posible. Así que, de alguna manera, se vieron acorralados y casi obligados por las circunstancias a dejar la mesa de la Montaña. Era su única salida. Pero eso no significa que el trabajo se detenga. Todos los actores coinciden en que se ha avanzado mucho. Más que en los últimos años. Y además las puertas están abiertas, también para los verdes.

 

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