Proteger las montañas y la vida rural

Al contrario de lo que se puede pensar por el gran movimiento migratorio desde las zonas rurales a las grandes urbes, las poblaciones de montaña crecen un 1% al año. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) estima que unos 770 millones de personas viven en regiones montañosas. Hoy día ya se cuentan entre las poblaciones más pobres, más hambrientas y marginadas del planeta.
La inseguridad hospitalaria, el cierre de las escuelas es otro motivo a destacar que lleva a estas poblaciones a esta situación de emigración a las grandes urbes. Además del cambio que realizan los campesinos al abandonar las prácticas de agricultura tradicionales por métodos insostenibles en terrenos montañosos frágiles.
No sólo las personas sufren. Las montañas comienzan a experimentar un gran deterioro por los cambios climáticos, la contaminación, la explotación minera y el turismo. Estas actividades aumentan el riesgo de desastres tales como inundaciones o desprendimientos de tierra. La biodiversidad de estos «gigantes naturales» se halla entre las más grandes gracias a la extraordinaria gama de elevaciones y climas existentes en los ecosistemas verticales. Esta riqueza se demuestra en que de las 20 plantas que proveen el 80% de los alimentos del mundo, seis tuvieron su origen en las montañas. La patata fue encontrada por primera vez en los Andes de Perú, el maíz en la Sierra de México y el sorgo en las tierras altas de Etiopía.
Una quinta parte del territorio mundial está constituido por montañas. Pero los gobiernos no parecen ser conscientes de su importancia y necesidad para la vida. En vez de intentar llevar a cabo políticas para la implantación de prácticas de conservación inocuas para el medio ambiente, se olvidan de estos territorios.
Y lo peor es cuando se acuerdan a la hora de recibir ingresos motivados por la industria del turismo: estaciones de esquí, urbanizaciones, complejos comerciales (Véase sin ir más lejos ARAMON). El gobierno debería en cambio para poder afrontar los costos totales de conservación y uso sostenible de sus recursos, promover otro tipo de usos compatibles.
El gobierno nepalí instauró una tarifa de 50.000 dólares por expedición que pretenda ascender el Everest. Un 30% de este impuesto tenía que ser destinado a la limpieza y al trabajo de desarrollo de la comunidad afincada en torno al monte. En la actualidad estas cifras son ligeramente inferiores a lo acordado y aunque se cumplieran no se podría llegar al objetivo marcado. Son pocos los casos en los que el importe íntegro de este impuesto es destinado al fin marcado. Tal es el caso de Ruanda, donde para poder observar los gorilas se debe pagar 200 dólares por visita que son destinados a la conservación del Parque Nacional Des Volcans.
La globalización ha tenido efectos negativos en las áreas de montaña debido a las distorsiones del mercado. Para contrarrestarlos en Suiza tuvo la Conferencia Internacional sobre Agricultura Sostenible y Desarrollo Rural en las Regiones de Montaña, organizada por la Oficina Federal Suiza de Agricultura en estrecha colaboración con la FAO. Como objetivos destacaban la compensación que se tiene que dar a las poblaciones de montaña por la conservación del medio ambiente, además de facilitar la instauración de cultivos que permitan un desarrollo sostenido.
La Declaración pide el reconocimiento de los derechos de las comunidades rurales, de las poblaciones indígenas y las tribales, así como el acceso a los alimentos, al agua potable y a los servicios básicos como la educación, la salud, la sanidad, la vivienda y la energía. Combatir la erosión de los suelos, la degradación de las tierras, la deforestación, la pérdida de biodiversidad, la interrupción de los flujos de agua y el retiro de los glaciares son mimbres básicos para la conservación y mejora de la situación de las montañas.
Pero en realidad no me alcanzan las palabras para describir la locura a la que asistí en vivo y en directo: Ampliaciones de las Estaciones de Esquí, montañas enteras deforestadas desde sus cimas hasta sus estribaciones, incluyendo en esta «esquila», la absurda remoción de hasta el último de sus pastizales y arbustos… Y todo sin contemplar siquiera las fuertes pendientes… Lo cual provoca el deslave completo de la capa superior de tierra fértil, que es arrastrada por la ladera y va tapando rápidamente todos los arroyos y manantiales que antes corrían libres… Y provocando la consecuente desaparición de la vida de los ríos que ha sido desde siempre uno de los eslabones básicos de estos ecosistemas. Y así estamos… En el Norte y en el Sur… Siguiendo los peores ejemplos en todos los ámbitos sociales, éticos y ecológicos. Creyéndonos el cuento de la globalización como una forma económica inteligente y digna de imitar (una ilusión que jamás se podría concretar en un sistema capitalista apuntalado por la explotación del hombre por el hombre, y en un consumismo desmedido que se mantiene por medio de la sobreexplotación de los mal llamados «recursos naturales»)…
Gravísimo problema al que se le agrega la destrucción de las economías biocomarcales, que serían la única forma de contrarrestar ese modelo, brindando cada vez más arraigo y obteniendo cada vez más autonomía. Una forma de adecuar la política según el perfil de cada región, respetando las decisiones tomadas en conjunto por la población local y los pueblos originarios, siguiendo patrones de conservación a largo alcance y permitiendo que las generaciones futuras puedan seguir beneficiándose de un ambiente sano y propicio para la vida. Sinceramente quedamos muy impactados por esa cadena de desastres ecológicos difíciles de entender hasta para el más inexperto de los observadores, que te producen una indignación sin límites, seguido por una pregunta candente para el futuro de la humanidad: » Qué sentido puede tener una política de estado que permite la desaparición de los bienes naturales sobre los que se basa la subsistencia del planeta entero?». La respuestas sin embargo hay que buscarla en otra simple pregunta: «Quienes son los directos beneficiarios de semejante canallada?». … Sobredimensionadas corporaciones manejadas por ejecutivos que funcionan con una inercia económica que sólo contempla ganancias para sus accionistas y no conoce razones de lógica o sentido común… … Ganancias fabulosas a corto plazo, que implican una degradación sistemática que conduce a desastres inevitables en el mediano y largo plazo… Leyes de mercado que se rigen por precios que ignoran toda consideración sobre los valores…
En definitiva, demostraciones cabales del suicidio colectivo hacia el que vamos enfrentando nuestro destino como civilización … Y sin embargo, en el mar de anestesia y desinformación en el que vivimos sumergidos, siquiera provocan reacciones que permitan revertir esta situación de alto riesgo… Tenemos la sensación de estar transitando por una cuerda floja… Y deseamos con cada una de estas reflexiones colaborar para seguir despertando esa lucidez que a veces aflora en situaciones de peligro extremo… Algo que los montañeros hemos experimentado con mucha conciencia en el caso de Espelunciecha, y que nos ha permitido actos colectivos de respecto y a la imprescindible re-valorización de los bienes naturales de las Montañas…
Rosa Burgos Pérez
Los Verdes-SOS Naturaleza

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