Norman foster: «cerler marcará los nuevos niveles de calidad, confort y sostenibilidad»

 

Es el arquitecto del momento y del futuro. El Puente del Milenio de Londres, el aeropuerto que Pekín estrenó ante el reto de las últimas Olimpiadas, el imposible pero real viaducto de Millau que ha cambiado las comunicaciones en Francia, la reforma del Parlamento alemán, la del británico estadio de Wembley… Y dentro de no demasiados años, apenas tres si todo va bien, la nueva estación de Cerler. Sir Norman Foster, habitual usuario de las estaciones más elitistas de Suiza, tiene en sus manos convertir el Pirineo aragonés en un referente mundial del esquí.

A pesar de que este deporte es una de sus más apreciadas aficiones, la ampliación de Cerler hacia Castanesa será el primer centro invernal que salga de su estudio. «Es nuestra primera estación de esquí y, sin duda, creo que Cerler marcará los nuevos niveles de calidad, confort y sostenibilidad», responde Foster al ser preguntado sobre la trascendencia internacional del proyecto. Además, como explica, para él tiene una significación especial. «A mí me encanta esquiar y estoy personalmente entusiasmado con la posibilidad de diseñar una estación en un área tan fantástica». «Afrontar este proyecto desde la doble perspectiva de arquitecto y entusiasta esquiador me ofrece una perspectiva única», confiesa.

Quedan todavía algunos meses para que se conozca el diseño final de la estación, pero Foster tiene claro ya lo que busca y la filosofía que debe impregnar todo. Primero, obviamente debe cumplir su función de favorecer la economía y de ser rentable. Pero además en el discurso de Foster tiene un lugar especial el respeto al medio ambiente, tanto en el día a día de la estación una vez que entre en funcionamiento como en su propia concepción y construcción.

En este planteamiento, la economía tiene un lugar relevante. «La estación está planteada para beneficiar directamente al entorno, creando instalaciones, nuevos empleos y la necesaria infraestructura para un desarrollo sostenible». Como explica, «estamos todavía en una fase inicial del diseño, pero nuestro objetivo es hacerlo lo más confortable posible para que todos acudan a la estación y se pueda practicar en ella el deporte del esquí en todos sus niveles».

Conseguir todo esto pasa por algo inédito en Aragón: «Debemos conseguir la estación lo suficientemente atractiva como para que atraiga visitantes durante todo el año, ofreciendo una variedad de actividades tanto en invierno como en verano», explica Foster, ahondando en la idea que adelantó en su primera entrevista con HERALDO. Y esto lleva al creador británico a explicar que si para hacer la infraestructura rentable es preciso buscar que sea algo más que un negocio de cinco o seis meses al año, para conseguir que sea sostenible «es necesario que pensemos de forma integral». Es decir, que en el desarrollo del proyecto se debe tener en cuenta «la ubicación y la función del edificio, su flexibilidad, su orientación, su forma y estructura, su calefacción y sus sistemas de ventilación y los materiales que se usan».

En este punto, parece que gana ya enteros la utilización de la madera sobre otros materiales. De este material, destaca sus propiedades «aislantes». Además, recuerda que la propia localización de la obra hará que se busque en lo posible trabajar con lo habitual de esa zona montañosa.

El prestigioso arquitecto apuesta así por un «nuevo Cerler concebido para ser lo más autosuficiente posible», en el que se fusionarán «las más modernas tecnologías con los materiales tradicionales y las técnicas del lugar». Y este compromiso con el lugar hará que el proyecto de la futura estación «aproveche la energía solar y la orientación del sol para proporcionar sombra y proteger algunos elementos».

A la vez que trabaja en los estudios para el proyecto de Cerler, no se le olvida su otro encargo aragonés: la ciudad del Motor de Alcañiz, proyecto que se le adjudicó tras un concurso internacional.

Y no son sus únicas contribuciones al nuevo paisaje español. Como explica, su trabajo en este país empezó «hace tres décadas», con un proyecto en La Gomera. Pero la huella de Foster está también en Bilbao (el metro), Barcelona (la Torre de Collserola y el nuevo Camp Nou), Madrid (además del proyecto de la Ciudad de la Justicia es autor de uno de los nuevos rascacielos, del recién abierto Art + Books y de un hotel), la Ribera del Duero (Bodegas Faustino) y Valencia (el palacio de congresos). Con Cerler, su huella estará también en Aragón, igual que está ya en los cinco continentes.

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