Los glaciares se han reducido a dos kilómetros cuadrados

Los glaciares aragoneses, los únicos que persisten en la península ibérica, miden en la actualidad dos kilómetros cuadrados de superficie. El 15,84% de los casi 130 kilómetros (1.291 hectáreas) con que contaban a mediados del siglo XIX. Así lo revelan los últimos datos recogidos durante el pasado verano por el Patronato de los Monumentos Glaciares Pirenaicos, que alertan de cómo el proceso de deshielo prácticamente ha duplicado la velocidad de fusión. Y si hace solo cinco años se pensaba que la extinción total se produciría en 50 años, ahora se adelanta a tres décadas.

Además, el presidente de dicho patronato, Fernando Lampre, prevé que en los próximos diez años se extinguirán todas estas lenguas de hielo de la alta montaña, con excepción de los glaciares de los macizos de Monte Perdido, Posets y Maladeta-Aneto, que sobrevivirán pero de forma muy residual.

 

REDUCCIÓN INEQUÍVOCA
«Ya no hay nada que se pueda hacer por salvaguardar estos monumentos únicos y excepcionales. Porque el problema se encuentra en la atmósfera, en el clima y en Kioto, que repercute en todo el planeta. Y cualquier iniciativa para conservarlos artificialmente suena más a ciencia ficción que a realidad, puesto que estamos hablando de macizos completos», contesta Lampre.

Y es que las consecuencias del cambio climático, con la consiguiente subida de temperaturas y la presencia de lluvias torrenciales, están haciendo mella en todo el planeta sobre estos ecosistemas tan frágiles. En lo referente a Aragón y España, las dimensiones de los glaciares, a la vista de los números y de la disminución de casi el 85% de sus hectáreas, suenan ya ridículas. No obstante, hay que destacar el hecho de que una cuarta parte del total de la extensión se concentre en las 125,3 hectáreas del glaciar del macizo Maladeta-Aneto, posiblemente el último reducto de estos volúmenes de hielo.

Los Pirineos son la única cordillera de la península ibérica que posee glaciares. Pero los efectos son similares también sobre la vertiente francesa. De hecho, según Lampre, sumada la extensión glaciar del país vecino serían cuatro los kilómetros cuadrados totales de esta cordillera compartida. El informe del patronato se suma al también recientemente publicado por el Ministerio de Medio Ambiente, titulado Datos sobre la nieve y los glaciares en las cordilleras españolas (1984-2008), que cifraba en un 88% la pérdida porcentual de los glaciares aragoneses desde el siglo XIX. En este se habla asimismo de regresión salvaje, con una caída del 25% de superficie en los últimos seis años.

«Lo paradójico de todo esto es que precisamente estemos hablando de este tema en un año especialmente atípico en cuanto a nieves y frío. Quizás este invierno sea uno de los más innivados de las dos últimas décadas. Pero aunque nevara durante 20 años seguidos, el proceso de degradación continuaría», lamenta Fernando Lampre.

El equipo del patronato está compuesto por unas seis personas que en verano realizan trabajos de campo y, mediante coordenadas GPS y datos vía satélite van, año tras año, comparando la superficie total de estos glaciares. Mientras que el sistema del ministerio para medir la nieve acumulada es revisar su altura, tres veces al año, mediante pértigas repartidas por los macizos.

Los deshielos de los glaciares también tienen consecuencias en el contexto hidrológico y en la pérdida de biodiversidad. «Estas masas van regulando las cabeceras de los ríos, y soltando agua poco a poco. Por otro lado, son unos ecosistemas extraordinarios creados en una cuota de espacio de alta montaña que contienen insectos e invertebrados únicos», reflexiona Lampre.

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