La montaña no es un parque temático

 
El Pirineo está magnífico. No se lo pierdan. La alta montaña se ofrece blanca y esplendorosa, como un sueño. En la mañana del domingo, por ejemplo, el valle de Aísa presentaba una imagen de postal, nevado todo él desde la entrada hasta el farallón que lo cierra. Había gente raqueteando abajo, y otra que había subido a los collados para descender desde allí sobre los esquíes en una trayectoria inacabable. Todo el mundo andaba ojo avizor con los aludes. Hay mucha nieve, hace calor y llueve. Peligro.
La montaña es algo muy serio. No tiene nada que ver con el parque temático en que han querido convertirla para atraer al turismo de masas. Ese enfoque ha fracasado y ahora mismo la crisis azota el Pirineo sin piedad. El hundimiento del negocio inmobiliario se ha superpuesto a la depresión de una hostelería expandida durante la bonanza. La concentración de las inversiones públicas en la nieve y la obsesión del sector privado por ganar pasta rápidamente en la construcción ha creado una estructura muy frágil y dependiente. Ayuntamientos arruinados (como el de Sallent) tras construir equipamientos faraónicos son el perfecto exponente de la debilidad de un modelo insostenible. Y sobre todo ello planea la idea (fomentada insistentemente desde DGA-Ibercaja=Aramón) de que la alta montaña se parece más a un ferial de atracciones que a un lugar extraordinario pero salvaje cuyo disfrute exige cierto esfuerzo y mucha prudencia.
Aramón es el mascaron de proa de una visión del Pirineo (y de la montaña aragonesa en general) errónea e interesada. Mientras la citada sociedad semipública gastaba cientos de millones en cañones de nieve, telecabinas y pistas, se han perdido oportunidades en el terreno de la ganadería ecológica de calidad, de la producción de otros alimentos, del artesanado y la industria ligera, de la promoción de actividades deportivas regladas y supervisadas por profesionales. Por todo ello, pese a disfrutar de un invierno como los de antes, éste tampoco será el año de bienes que debiera. Para colmo Aramón sigue sin medir bien el riesgo que suponen los aludes.

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