¿el truco del censo?

El comercio local y el sector turístico no aprecian un crecimiento en la demanda de servicios acorde con el número de viviendas nuevas que se ha producido. Se quejan de que, simplemente, los apartamentos se encuentran la mayor parte de año vacíos y que sólo en el mes de agosto de aprecia una mayor ocupación. En cambio, muchos pueblos casi deshabitados e incluso abandonados, están registrando un crecimiento muy importante de empadronados. La mayoría son antiguos habitantes que al cabo de los años han decidido volver a inscribirse en el censo municipal.

Es el caso, entre otros, de Yésero, un pequeño pueblo en el camino del valle de Ordesa y muy cerca de las estaciones de esquí de Formigal y Panticosa. Unos meses antes de las elecciones municipales de junio de 1999, se empadronaron en Yésero 19 personas el mismo día, la mayoría nacidos en el pueblo pero que ya no vivían allí desde hace muchos años. El número de habitantes fijos desde entonces apenas si llega a las 20 personas, mientras que el censo electoral eleva el número hasta los 87. Las elecciones municipales las ganó la candidatura de los recién empadronados. A partir de entonces, en Yésero, se ha preparado un plan urbanístico que prevé la construcción de 589 viviendas a pesar de que, como afirman algunos residentes fijos, rehabilitando casas y bordas, podría subir notablemente la población sin necesidad de más construcción. Para los que viven todos los días en el pueblo, en Yésero se ha producido un masivo empadronamiento de conveniencia y que sólo tiene como fin la venta de terrenos que hará aparentemente ricos a sus propietarios.

Pero no es el único caso. Pueblos como Fanlo, Aragüés del Puerto o Fago tienen problemas también con los empadronamientos. La relación entre los habitantes fijos de estos pueblos y los nuevos empadronados se han deteriorado hasta tal punto que en los juzgados de Huesca y Jaca hay denuncias de todo tipo entre unos y otros.

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