Defender las montañas, desde teruel

DEFENDER LAS MONTAÑAS
Angel Marco Barea

Sopla el aire fresco del Pirineo. Llega hasta la ciudad de Zaragoza, donde se concentra el poder político, el poder económico y la mayoría de la población de este territorio desvertebarado.
Viene desde los mismos Valles de donde el empuje de reyes cristianos sobre Al Andalus fue con los siglos definiendo las fronteras de Aragón. De allí, donde las tejas sobresaliendo de los pantanos, que inundan el pueblo, alientan protestas para reivindicar una Nueva Cultura del Agua y un respeto a la montaña, que han levantado a todo un pueblo contra el Trasvase del Ebro; voces que respaldan el trabajo de jóvenes investigadores en hidrogeología y otras disciplinas, que apuestan por nuevas formas de aprovechamiento racional de los recursos, compromiso de una generación con las venideras en dejarles un mundo donde vivir.
Ahora empuja el viento la necesidad de debatir el desarrollo de las montañas. De valorar la conservación de paisajes y culturas frente al intento de monopolizar el desarrollo en torno a aumentar la superficie de pistas esquiables y la especulación urbanística en torno al turismo que aquella genera. De poner en alza otros valores que rigen nuestra vida además del económico. Y junto a quienes se empapan de ilusión por salvar la montaña, se suman expertos geógrafos y geólogos capaces de pensar en ordenar el territorio y planificar el crecimiento; debate, dialogo y consenso para definir el Desarrollo Sostenible.
La Plataforma por la defensa de las Montañas de Aragón ya es conocida en toda España. Su objetivo es impregnar de racionalidad a la clase política aragonesa y a la empresa ARAMON, que en su desarrollo de la montaña no invierte más allá de infraestructura para desarrollar el esquí; imaginamos que aupada por quienes después piensan acceder con proyectos inmobiliarios de apartamentos. Su ámbito de actuación llega hasta las Sierras del Sur del Ibérico, Javalambre y Valdelinares. Probablemente sus textos consensuados comiencen a ser un referente para el conjunto del estado español, en la necesidad de moderar los criterios sobre los que garantizar el desarrollo de las montañas sin poner en riesgo su conservación.

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