Creer en candanchú o no creer

El cierre de Candanchú esta temporada o una apertura tardía de la estación tendrían un efecto desastroso sobre la economía del valle del Aragón. No en vano, los deportes de invierno constituyen el motor más importante de la actividad entre los meses de diciembre y marzo en un territorio que tiene en el turismo su principal recurso todo el año.

Por eso comerciantes, hoteleros y propietarios de bares y restaurantes están sumamente preocupados por el futuro de la estación de esquí. Se quejan de que carecen de información sobre la marcha de las negociaciones, pero casi todos confían en que, al final, habrá un acuerdo entre la empresa que explota las instalaciones, Etuksa, y el grupo Aramón. No faltan, sin embargo, quienes consideran que la estación se enfrentará a nuevas dificultades que impedirán o retrasarán su puesta en marcha.

«Si Candanchú no abre esta temporada, bajará mucho el número de esquiadores en el valle del Aragón, pues la estación de Astún no podrá absorber toda la demanda», señala Francisco Javier, que regenta un estanco en Canfranc.

En su opinión, compartida por muchos habitantes del valle del Aragón, «los problemas de Candanchú se veían venir». «Hace diez años, más o menos, que se dejó de invertir en la mejora de la estación y en todo este tiempo no ha hecho más que degradarse», afirma.

Desvío a Formigal

Esther Franco, que regenta el bar restaurante y hotel El Mesón, en Castiello, considera que lo mejor para la zona es que «haya un acuerdo entre Aramón y Etuksa». «No sabemos qué va a pasar con el centro invernal y estamos muy expectantes», afirma.

De Jaca a la frontera francesa, todos los negocios ligados con el turismo han ido viendo cómo el declive de Candanchú desviaba a muchos aficionados a las pistas de Formigal, que cuentan con remontes más modernos.

«Si Candanchú no abriera este invierno, la sangría de esquiadores hacia el valle de Tena sería aún mayor», dice la hostelera de Castiello. «Si eso ocurriera, se ocasionaría un gran perjuicio a la economía del valle del Aragón».

Con todo, el sector turístico no quiere que el acuerdo entre Aramón y Etuksa se haga a cualquier precio. «Nos da miedo que se firme un mal acuerdo», advierte José Luis, del restaurante La Brasa, en Canfranc. «Hay que preservar los intereses de los trabajadores y de los habitantes del valle», puntualiza.

Algunos industriales se preparan para lo peor. «Si nieva no va a ser catastrófico del todo», afirma el valenciano Juan Luis Prades, que lleva con su esposa un supermercado en la urbanización de Candanchú. «Aunque Candanchú no abra, los dueños de los apartamentos seguirán viniendo porque tienen Astún para esquiar», señala.

Laura, que tiene una tienda de souvenirs y complementos para el esquí, no ha perdido toda la esperanza. Estos días está haciendo acopio de género para ofrecer unas estanterías bien surtidas a sus clientes.

«No soy optimista, pero comparto el sentir general de la gente de la estación, que es abrir el negocio a todo trance, aunque las pistas estén cerradas», dice con una sonrisa.

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