¿y si cerramos los garitos inservibles?

Las cifras del flamante aeropuerto (obra del ínclito Pacocascos, inducido por su cuate Rodolfo Ainsa, no lo olviden) son de risa. No sólo hay que gastar tres millones y medio de euros (de los Presupuestos Generales) en su mantenimiento básico, sino varios cientos de miles más (de la tesorería autónoma) para subvencionar a las compañías. Todo eso para traer no más de doce o trece mil turistas invernales, que es una cifra simplemente ridícula. Y el cuentiñán de que así promocionamos la Tierra Noble, creamos riqueza y promovemos el desarrollo del Alto Aragón es pura finfla. ¡Pues no saldría más a cuenta coger la pasta aeronáutica (empezando por los cuarenta kilates que costó la machada) y repartírsela directamente a los supuestos beneficiarios de semejante broma!

A estas alturas, tener que debatir asuntos tan meridianos resulta extremadamente fatigoso. Con este calor… ni les cuento. Ahora, hasta los niños de pecho saben que llevamos entre manos una serie de proyectos-ocurrencias extremadamente gravosos e insostenibles en época de ajuste. Así que a todo esto sólo le veo una salida: reconocer las meteduras de gamba, corregir lo que se pueda sobre la marcha y a lo hecho ponerle el pecho de una clausura temporal si no existe otra salida razonable en lo económico.

Será duro, pero habrá que chapar ese aeropuerto oscense y estudiar muy seriamente a qué nos comprometemos con la empresa que va a explotar el aeródromo de Teruel. De paso revisamos los campus periféricos de la Universidad pública, renunciamos a reclamar más pantanos inservibles como el del Val o el de Lechago… y estudiamos la forma de reducir al mínimo las actividades de empandullos como Motorland, donde cada euro de beneficio-retorno nos cuesta diez de previa inversión pública. No es tan difícil.

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