Tribuna ajena / por david baringo, sociólogo

CONOZCO bien el municipio de Montanuy, en parte del cual se encuentra el valle de Castanesa, fruto de los trabajos en los que he participado entre los años 1999 y 2001. El más completo de ellos es el “Estudio de potencialidades de desarrollo social y económico del municipio de Montanuy. Horizonte 2011”. El encargo provenía del propio Ayuntamiento, y allí reflexionamos sobre lo complicado de retener población estable durante todo el año en zonas como esta de difícil accesibilidad, poca población y bellos paisajes naturales bien conservados. Esta parte de Aragón es mucho más que una postal. Más que un paisaje bonito por el que pasar a toda pastilla con el coche dirección a Francia. Nada que ver con el estereotipo del paisano ensoñado en poder vender su huerto al primer promotor que pase. Esta parte del Pirineo tiene un presente y, como cualquier territorio vivo y dinámico, también reflexiona sobre su futuro.

En el estudio apostábamos por un modelo de desarrollo alternativo al elegido ahora por el municipio. Creíamos que a través de una gestión ingeniosa de los recursos económicos que le permite el canon eléctrico, era posible apostar por un modelo de desarrollo “blando”, compatible con el delicado tejido social y económico existente y con las extraordinarias cualidades ambientales de estos valles. Tiempo después de aquel estudio el Ayuntamiento emprendió, primero en solitario y, después, con la empresa Aramon, el proyecto de ampliación de las pistas de esquí de Cerler hasta el valle de Castanesa. Un proyecto que, como sucede en cualquier sociedad democrática viva que se precie, ha contado con sus partidarios y de-tractores.

Dicho esto, sin embargo, pienso que es legítimo que el Ayuntamiento –y con él buena par te de la masa social del municipio- hayan optado por un desarrollo basado en una pista de esquí y crecimientos urbanísticos adyacentes. La población autóctona es la que ha logrado mantener este espacio en un estado de conservación envidiable: criando ganado, segando anualmente los prados, cuidando los bosques, aprovechando las solanas en sus construcciones tradicionales,… ¿Por qué esta gente que tan sabiamente ha sabido gestionar el territorio durante milenios no va a saber cómo hacerlo de ahora en adelante? Me parece legítimo que el municipio opte –si eso es lo que desea- por ese tipo de modelo de desarrollo, aunque haya quienes no lo compartamos. No creo que esta sea una simple operación de especulación urbanística, más bien una discutible apuesta de desarrollo para el valle.

En todo caso, si se lleva a cabo el proyecto, también es de ley pedir que se planifique y construya con una muy elevada sensibilidad paisajística, ambiental y social. Aclarando quién pone el dinero y quién se lleva los beneficios. Creo también que quienes promocionan el proyecto tienen la responsabilidad de mejorar la información pública y la participación. Hay que ser realista y reconocer que las pistas de esquí no son la panacea para asegurar el desarrollo socio-económico de un valle de montaña. Conviene recordar que las pistas de esquí son, en sí mismas, poco rentables. Por indicios sabemos –no por datos fiables, que no los tenemos- de que en los años buenos mantienen gastos y en los malos con poca nieve, son simplemente ruinosos. Mala señal con lo que ya sabemos del cambio climático. Para poder ser viables, las estaciones de esquí alpino necesitan de dos cualidades que son difícilmente compatibles en un espacio como éste: construcción de cientos de segundas residencias y el dimensionamiento de todas las infraestructuras (carreteras, líneas eléctricas, abastecimientos de agua, depuradoras…) para poder acoger sin colapsarse a las puntas de visitantes que este tipo de complejos tienen durante no llega a los dos meses al año.

En definitiva, pienso que el valle de Castanesa no necesita de este proyecto para asegurar su futuro. Existen otros modelos más baratos y de menor impacto. En todo casi, si legítimamente los habitantes de Montanuy deciden que así debe ser, sí que pediría ser especialmente cuidadosos para no hipotecar de por vida estos valles, no es la nieve, no lo olvidemos, sino sus bellos paisajes y su gente entrañable.

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