El lado oscuro del negocio blanco

Empezaré animando a mis compañer@s, aquell@s que se han quedado en la trinchera de la cafetería y el restaurante de la estación de esquí de Panticosa, a que digan ‘basta ya’ con voz alta y clara. Tal y como al final hice yo hace pocos días, cansada del maltrato y la humillación con que el responsable de Hostelería trata a l@s trabajador@s.

Al principio lo aguantas e, incluso, justificas algunas broncas –desproporcionadas, muchas veces injustificadas, delante de clientes y de compañer@s- porque soy inexperta, la hostelería es así, necesito el dinero… Pero una vez te haces al puesto de trabajo, empiezas a ver que los gritos, los tacos y la humillación continúan. Y que tus argumentos nunca valen –sólo los del jefe- y que nunca haces las cosas bien –hagas lo que hagas-.

Y poco a poco caes en la cuenta de que te han asignado responsabilidades –llevar la plancha (de cocina) o el restaurante- que no te corresponden, porque en tu contrato solo pone que eres auxiliar de hostelería o ayudante de cocina. Y que tu media hora para comer –que te descuentan de la nómina- muchas veces se ve reducida a veinte minutos porque no quieren contratar a más personal y, por tanto, l@s que estamos no llegamos a todo.

Pero lo soportas, alienada en parte porque el discurso que impera allí –como en casi cualquier empresa de este país podrido por la crisis- es el de es lo que hay, hay que aguantar.

Y así es como empiezas a sentirte más y más pequeña. Y así es como la rabia empieza a hacerse más y más grande. Y más cuando el resto de compañer@s de otros departamentos sabe lo que hay. Y callan. Y mucho más cuando–llorando por la tensión- vas a denunciar la situación a la responsable de Recursos Humanos y te dice que sabe lo que está pasando pero que no puede hacer nada. Que como ella nunca ha visto nada de lo que le contamos, es difícil hacerse cargo de ello.

Y la rabia y la impotencia te atornillan el estómago cuando, encima, te enteras de que el responsable de Hostelería de Aramón – Panticosa tiene denuncias por acoso laboral. Y que vari@s trabajador@s han dejado su puesto en la cafetería o el restaurante que esta persona gestiona porque no aguantan más; algún@s de ellos, con baja por depresión o ansiedad. Como yo. Pero la Dirección de la empresa no lo despide y mira para otro lado.

Este lado oculto del negocio de la nieve, del negocio blanco, está bien maquillado. El cliente que viene a consumir se encuentra con una agradable cafetería, gestionada por gente joven y animada, dispuesta a servirle lo que pida con una sonrisa. Y sin embargo tras el telón blanco y verde corporativo se vive un infierno que las mujeres viven de manera especialmente cruda. Porque los gritos, los insultos y las humillaciones las sufrimos nosotras fundamentalmente.

Yo sentí hace pocos días que ya no podía aguantar más y me fui. He sufrido –y todavía sufro- insomnio, ansiedad, dolor de estómago, una pérdida importante de peso y tengo prurito en el cuero cabelludo. Eso sin contar con que, muchos días, he estado llegando a casa llorando de la ansiedad y la tensión que me generaba trabajar con esta persona como jefe. Ahora solo lloro por estrés acumulado y por la impotencia que me produce saber que, después de todo, esta persona sigue allí, inmune e intocable. Pero me siento fuerte porque antes de irme le paré los pies y le dije que nunca más. Me empoderé y le hablé de respeto. Y de límites y dignidad.

Es una vergüenza que una empresa financiada/subvencionada por el Gobierno de Aragón sostenga situaciones de este tipo. Un lobby que ha destrozado el patrimonio natural de los Pirineos con fines meramente especulativos, que ha engordado los bolsillos de unos pocos amigotes y que, por contraste, ni ha fijado población, ni ha mejorado la economía de las zonas que acogen las estaciones de esquí y que, encima, es escandalosamente deficitaria. Y que, además, permite y sostiene el maltrato, la misoginia, porque así la gente rinde más.

Compañer@s, os animo a denunciar. Por vosotr@s. Por l@s que se fueron. Por l@s que vendrán. Por justicia y por dignidad.

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