Editorial de la franja digital

[25/03/2005]

Las noticias más frecuentes en nuestra dócil, por no decir dirigida, prensa aragonesa, giran cada dos por tres en torno a la indignidad que supone que la nación gala no acceda a agujerear el Pirineo por uno o varios pasos centrales, tal como proponen nuestras autoridades autonómicas. Que si el Vignemale, que si por Benasque… Los galos desconfían y muchos aragoneses también. En general, en todo el Pirineo central, los franceses no comparten la idea de crear grandes rutas, autopistas o pasos, porque saben que tras de ellos llegan las urbanizaciones, la especulación y el ataque a un sistema de vida que se quiere preservar.
Una cosa es estar a favor de la existencia de nuevos pasos fronterizos centrales -que este diario lo está-, y otra es el “cómo” ejecutarlos y “para qué”. Una parte importante de nuestros vecinos (al margen de que a muchos no les guste nada la penetración de nuestros productos por una vía rápida y directa) contemplan con preocupación cómo en un ecosistema de lo más frágil (como es el Pirineo), desde su cara sur española, unos incontrolados bárbaros están intentado acabar con él a base de ladrillos, macrourbanizaciones, campos de golf y ampliaciones salvajes de las estaciones de esquí. Otros franceses denuncian también el trazado, velocidad e intensidad de tráfico de las nuevas rutas que se abrirían y el impacto ambiental que todo ello supone. Es decir, que en general una mayoría de nuestros vecinos no acaba de ver clara la traslación de este nuestro “modelo de desarrollo” a su Pirineo.
Mientras tanto, aquí, en nuestro lado, como si nada pasará, entre agravios y enfados con los franceses, se sigue con la doctrina del “nuevo rico”: especulación e insensibilidad hacia la ecología y los ecosistemas. Todo apunta a que desde ciertos intereses, y con la complicidad de muchas de nuestras autoridades, se intenta reproducir el aberrante modelo de hormigón que ya ha acabado con la belleza del Mediterráneo desde Gerona hasta Algeciras; o lo que es lo mismo, las proyectadas estaciones de esquí en el Valle de Plan, la ampliación de la de Cerler o la salvajada que se está cometiendo en Formigal. Y claro, acompañado todo ello a renglón seguido de más y más urbanizaciones.
No es de extrañar por tanto, contemplando la cara norte del Pirineo, que los habitantes del Vignemale y los alrededores de Lourdes se hayan asociado en una agrupación para combatir la presión española, con el combativo nombre de “No pasarán”, así, en español. La misma batalla libran los sectores más concienciados de esta nuestra vertiente. Es un ejemplo la lucha que en solitario afrontan la Asociación de Habitantes del Pirineo, desde Boltaña, y la Plataforma en Defensa de las Montañas de Aragón.
Les recomendamos a todos ustedes la pagina Web de esta última asociación. Basta ver el paisaje de la cara norte del Pirineo y cotejarla con los actuales desmontes y obras que se vienen ejecutándose en la zona de la estación de esquí de Formigal en el término de Sallent de Gállego. Lo que representan las dos fotografías expuestas en la Web suponen dos modelos de desarrollo totalmente distintos. De un lado, el ya expuesto del ladrillo, la especulación y el hormigón, es decir, destrucción del medio ambiente y “pan para hoy, hambre para el mañana”; y del otro, el desarrollo de un turismo respetuoso con el medio ambiente que se incardina en él, el fomento de actividades artesanales en lo alimentario y su comercialización, baños termales y una ganadería y agricultura encaminadas a producir productos de alta calidad, dentro de una forma de vivir, de una cultura campesina, que el habitante francés del Pirineo no quiere perder.
Es una delicia contemplar los pequeños pueblos franceses, que a través de este modelo de desarrollo y una Ley de Protección hacen de todo el Pirineo un Parque Natural, con lo que han conseguido asentar y retener a la población, así como proporcionarle un excelente nivel de vida.
Por nuestro lado, todo lo contrario. En la defensa del ibón de Espelunciecha, arrasado por las ampliaciones de las pistas de esquí de Formigal, la Plataforma en Defensa de las Montañas de Aragón dice en un pasaje de su reciente manifiesto“¿Qué pasará cuando deje de nevar, irán subiendo las pistas hasta las cumbres más altas? ¿Qué pasará cuando los turistas dejen de venir por que lo que buscaban, naturaleza y soledad, esté ocupado por urbanizaciones, pistas y cemento? ¿De qué vivirán los montañeses cuando el turismo se pase de moda?».
Estas son las preguntas que deben hacerse en primer lugar nuestras autoridades autonómicas, bajo cuyo paraguas duerme el sueño de los justos nuestra prometida Ley de Montaña o de protección de todo el espacio pirenaico. Su redacción y aprobación son urgentes. Parece como si después del Trasvase a este gobierno autonómico nuestro se le hubieran acabado las fuerzas y éste, como otros muchos problemas (sanidad, educación, etc) hayan quedado aparcados en las cada día más flagrantes contradicciones que nacen de un pacto “antinatura” (o cuando menos de lo más singular). Porque desde luego, muchas de las actitudes del Gobierno Aragonés nada casan su pregonada ideología con los destrozos de Formigal y los emprendimientos todavía por ejecutar, pero proyectados, a través de su participada ARAMON (propiedad de la Comunidad Autónoma e Ibercaja), junto a los intereses especulativos y de construcción que habitualmente le siguen.
Para finalizar, una pregunta : ¿Cuál es la opinión sobre todo esto del alcalde de Sallent de Gállego, antiguo militante de las posturas más radicales de izquierda socialista en el PSOE?

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