¡ay mi dinero! ¡mi dinerooo!

El Tribunal Superior de Justicia de Aragón se ha cargado la ampliación por el valle de Castanesa de la estación de esquí de Cerler. Antes, Aramón (esa maravillosa sociedad semipública que sostenemos a medias los contribuyentes tierranoblenses y los clientes de Ibercaja) había renunciado expresamente a un proyecto cuya insostenibilidad fue denunciada durante años por activa y pasiva. Así que todo el invento (recibido con clarines, aleluyas y parabienes por las habituales fuentes oficiales y oficiosas) se ha ido al garete. Y ahora nos queda la pregunta de siempre, la del millón (millones, más bien), la que quema: ¿cuánto nos ha costado esta mamarrachada?, ¿quién es el responsable del fiasco?, ¿por qué somos tan estúpidos que babeamos con este tipo de fábulas cuando nos las presentan en enormes y triunfales titulares, pero luego las aparcamos en la calle del olvido cuando se difuminan y dispersan como humo contra el viento?
No saben ustedes lo que me joroba estar todo el día con la matraca. Hoy, por ejemplo, quería hablarles de un vecino mío, de Pedro J. y del estado de salud que presenta, en España, la democracia. Sin embargo Castanesa se me ha cruzado en el camino y no puedo por menos que perseguir esa liebre. Reparen sus mercedes en que la DGA y Aramón entraron en el frustrado negocio (mal y de malas maneras, como sentencian ahora los tribunales) con nuestro dinero (¡nuestro dinero!) utilizado generosamente para señalar y comprar terrenos en el valle. Se invirtieron millones. Bueno, de hecho, en las actuales cuentas de la mencionada Aramón esos suelos figuran todavía como un activo valorado en 30 millones (sí, 30 kilates, 5.000 millones de las antiguas pesetas). Ahora, por cierto, no valen ya ni un céntimo. El chandrío contable va a ser monumental.
Mientras, el mejor hotel de Benasque (el Pirineos, cinco rutilantes estrellas) sigue quebrado y cerrado. Mientras, los ingenuos (y los fachas) aplauden porque con la demagógica ley de régimen local nos ahorraremos cuatro euros en sueldos de concejales. Estamos hechos unos capullos.

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