Artículos de opinión tras la concentración de portalet

Los montañeses y los ecologistas de ciudad. Alberto Bernués

A raíz de la concentración de la Plataforma en Defensa de las Montañas de Aragón en Portalet el 19 de marzo de 2006 y de la contra-concentración de algunos alcaldes y representantes políticos de la Comarca Alto-Gállego, vuelven a oírse voces señalando ese falso enfrentamiento entre montañeses y algunos habitantes de las ciudades. No debemos entrar en esa dialéctica que parece obedecer a estrategias políticas diseñadas para desviar la atención y ocultar unos hechos de gran gravedad que nos afectan a todos, montañeses y amantes de las montañas.

Lo cierto es que si hay una discrepancia, pero de modelo, de visión o postura en relación a lo que queremos para las zonas de montaña, que nada tiene que ver con el origen o lugar donde habitan sus valedores. El concepto de desarrollo sostenible, ampliamente manoseado por representantes políticos, tiene un significado claro, basado en criterios técnico-científicos: primero, debe contemplar conjuntamente las demandas e intereses de la generaciones actuales y futuras; segundo, debe basarse en la capacidad de auto-reproducción de los sistemas naturales y socio-económicos; y tercero, ha de tener un carácter endógeno, es decir, un desarrollo generado desde las zonas de montaña, por y para los montañeses, controlado y gestionado por ellos.

Enfrente nos encontramos con un modelo desarrollista, obsoleto en el resto de regiones montañosas Europeas, que solo ve esquí alpino, campos de golf y grandes urbanizaciones para visitantes de escasos fines de semana al año. Este modelo es diametralmente opuesto al desarrollo sostenible que hoy promueven organismos y tratados internacionales. No respeta los intereses de las generaciones futuras pues supone una agresión totalmente irreversible al paisaje, principal valor económico de estas zonas. Carece de toda racionalidad económica, pues a pesar de grandes subvenciones públicas las pérdidas son millonarias y los mayores beneficiarios son los especuladores inmobiliarios, que dejan una riqueza residual en el territorio, después de extraer las plusvalías. Y por último, pero no menos importante, no es protagonizado por los habitantes de la montaña, que ceden su capacidad de decisión sobre el territorio y acaban en manos de intereses exógenos.

En juego está nada más y nada menos que nuestro futuro común, medioambiental y económico. Déjense de victimismo y de manipular a los montañeses, necesitamos menos demagogia y especulación y más propuestas imaginativas, integradas y respetuosas con el entorno socio-económico, cultural y natural.

Contra manifestación en el Portalet. Juan Antolín.

El domingo 19 de Marzo, algunos alcaldes y concejales del Alto Gállego del PAR y PSOE, organizaron un “encuentro” en el mismo lugar, hora y fecha en el que la Plataforma en Defensa de las Montañas (PDM) había convocado oficial y legalmente por tercer año consecutivo, una concentración en protesta de la ampliación de la estación de Formigal en el valle de Espelunciecha y por la tramitación de una Ley de Protección para las Montañas de Aragón.

Los partidos de los que son miembros los organizadores de dicho “encuentro”, tuvieron una estupenda oportunidad de debatir, reflexionar y contrastar sus ideas con las de los miembros de la PDM cuando éstos, apoyados por otras muchas organizaciones, presentaron en las Cortes de Aragón 30.000 firmas de aragoneses avalando una propuesta ciudadana de Ley de Protección de las Montañas. Recordamos que dichos partidos se negaron a debatir esta propuesta de ley, rechazándola en el Pleno de las Cortes aragonesas el día 15 de Diciembre de 2005, sin ningún tipo de debate ni miramiento. tras un laborioso y legal proceso de Iniciativa Legislativa Popular por parte de la ciudadanía.

Parece que no contentos con despreciar a los promotores y firmantes de esa Iniciativa Legislativa Popular se comienzan a utilizan métodos de contra manifestación, nada democráticos, ilegales y peligrosos para intentar limitar el derecho a disentir de la política del Gobierno aragonés en materia medioambiental y a manifestarlo públicamente.

Desarrollo sostenible para el Pirineo (Ana Acín Pérez) Publicada el 27.03.2006
Soy montañesa, ecóloga de formación y ecologista en el corazón. Vivo, trabajo aquí y espero seguir haciéndolo.
Hace un año surgió una iniciativa popular para llevar a las Cortes la propuesta de crear una ley del Pirineo. Allí se rechazó, ante la pasividad y el silencio de los alcaldes y presidentes de las comarcas del Pirineo, los mismos que ahora salen a manifestarse y pedir un debate, ¿por qué no lo pidieron cuando sus compañeros lo rechazaron en las Cortes?

Faltan proyectos creativos y apostar por el desarrollo sostenible de verdad. El desarrollo sostenible consiste en no agotar los recursos que nos dan el valor. Ocupar el suelo con urbanizaciones no es desarrollo sostenible, tampoco ampliar las estaciones de esquí. Diversificar el aprovechamiento de los recursos sí lo es.

El espacio protegido más emblemático de la zona, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, recibe 600.000 visitantes a lo largo del año. Así que dejen de utilizar ‘proteger’ como sinónimo de ‘perder’, el único que pierde aquí es el montañés.

Opinar sobre la montaña. José Luis Latas Lacasta.

Acudí a la concentración en el Portalet de la Plataforma en Defensa de las Montañas.
Apareció un grupo de cargos políticos que dijeron que las decisiones les correspondían a ellos y no a esos ecologistas urbanos que sólo aparecían ocasionalmente.

En vez de entrar a debatir, descalifican al interlocutor, acusándolo de recién llegado. Curiosa paradoja, cuando muchos de los que hoy exigen «pedigrí» montañés para opinar, resulta que no sabían dónde estaba Espelunziecha. El alcalde de Sallent, por ejemplo, llegó a mi tierra –el Alto Aragón– desde 200 km al sur. No voy a admitir que decida si soy quién para opinar.

Pero es que, si no fuera montañés, como simple ciudadano que paga impuestos, creo que tendría derecho a protestar por lo que hacen con el dinero público y con un patrimonio de todos.

La carne y el ladrillo. Mariano Polanco

La Comunidad Europea ha dictado unos requisitos mínimos para el funcionamiento de los mataderos, pero la mayoría de los municipios aragoneses no pueden asumir el costo de la adecuación a la normativa y su posterior mantenimiento. El Gobierno de Aragón, imperturbable, impone la normativa sin preocuparle las consecuencias para la población y los profesionales del ramo. No habilita líneas de crédito ni subvenciones, desecha la posibilidad de un periodo transitorio de cuatro años para aplicar la normativa, ni excluye del cumplimiento a las explotaciones familiares tal como han hecho nuestros vecinos franceses. Con esta decisión se cierran unos cien mataderos y se amenaza la continuidad de unas cuatrocientas carnicerías del medio rural, a sus propietarios y empleados se les plantea un incierto futuro y a los ciudadanos sobrecostes y pérdida de calidad de la carne. A este perjuicio no son ajenos los ganaderos ni los hosteleros, que temen que los corderos y terneras de
nuestras montañas se consumirán allá donde consideren las distribuidoras y aquí los de cualquier incierto origen. La permanencia en los pueblos de las familias directamente perjudicadas es la excusa que utiliza nuestro Gobierno para justificar su alocada política urbanística, implantada donde las inmobiliarias decidan y transformando prados en urbanizaciones. Es bien cierto que ni vacas ni corderos producen astronómicas ganancias, es difícil especular con ellos, recibir inconfesables comisiones y utilizarlos como elementos de presión política. Mientras tanto se rehuye la promesa electoral de una Ley de Montaña y se desdeña la voluntad de más de treinta mil aragoneses. De seguir el Gobierno en esta línea ¿cuántos “ladrillos” nos quedan aún por tragar?

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