Aludes en la carretera del escalar

 
Por la orografía del lugar, de la cubeta de los Baños y de la garganta de acceso por el Escalar o valle del Caldarés, sus fuertes pendientes, sus angosturas, canales de desprendimientos y torrenciales, por la altitud del balneario y por la altura del macizo montañoso en el que se abren la cubeta y la garganta, no sólo el acceso veraniego obliga a un trazado de la carretera pendiente y sinuoso, sino que siempre los inviernos han dado lugar a aludes, a veces muy destructivos, en ambos lugares. El Balneario tenía tradicionalmente un uso turístico sólo estival, por lo que tales aludes, normales en esa orografía en las estaciones dichas alrededor del invierno, no tenían repercusiones económicas, salvo si destruían instalaciones de los Baños. Esto ocurrió, por ejemplo, a principios el siglo XX, debido al mismo emplazamiento de los Baños en el fondo de una cubeta en la que convergen varias cuencas escarpadas de recepción de nieve inestable.
Es imposible corregir en este sentido toda la montaña donde se generan, se desplazan y caen tales aludes. Las obras de retención de nieve en altura, que ya existen, son siempre insuficientes y, además, desfiguran con su artificio el entorno y el paisaje (claves del atractivo turístico) de este sector de la Reserva de la Biosfera Ordesa- Viñamala. Pretender una escalada de correcciones de los dinamismos propios de la montaña porque el hombre penetra cada vez más en ella y durante más tiempo, puede traspasar una raya en que su acción se convierta en ir contra la naturaleza de esa misma montaña que le atrae y a la que coloniza.
No parece tampoco viable corregir el emplazamiento inseguro de tal enclave, puesto que es un uso tradicional y está basado en las aguas termales que, justamente, surgen allí. Este uso termalista, de tradición muy pirenaica, y el encanto de sus viejas instalaciones, hoy muy desfiguradas por nuevas arquitecturas, aconsejan, pues, su continuidad como un valor. El problema estriba en su utilización en un arco de oferta y de temporada no sólo termalista, es decir, como residencia de invierno asociada a las estaciones de esquí de Formigal y de Panticosa, que buscan allí un punto más de alojamiento para sus usuarios.
Por mucha obra antialudes que se pretenda acometer, con su consiguiente desnaturalización inacabable de la montaña, siempre seguirá habiendo aludes o lurtes en esa orografía.
La única solución razonable desde el punto de vista geográfico, aunque no desde la explotación económica intensiva, consiste en limitar, como antaño, la apertura turística de los locales del Balneario a los meses sin nieve potencialmente inestable. La pretensión de obtener altos beneficios invernales es, sencillamente, arriesgada y puede tener consecuencias peores, por el incremento de la circulación por El Escalar, que las de los sucesos de esta Semana Santa. Entretanto se pondrá un nuevo parche, pero la montaña es la montaña y no se podrá ir interminablemente contra la realidad de las
cosas.

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