Una de cal y otra de arena

Las operaciones inmobiliarias en el Pirineo aragonés están ligadas a la presencia de Aramón y a los valles de Benasque y Tena. En el caso de Cerler, Aramón dispondrá de diez años para desarrollar un proyecto de 38 millones para la urbanización de 51 hectáreas que permitirá construir 2000 viviendas en una urbanización que apenas tiene 900.

El proyecto salió adelante con los votos del PAR –el partido que lo bloqueó hace diez años- y el PSOE; y la oposición del PP –el partido que lo impulsó- y Cambiar Benasque. Para la oposición, “el actual alcalde ha pasado de la más estricta intransigencia a permitir que Aramón haga lo que quiera”, apuntaron desde el PP. En el nuevo proyecto, Aramón se ahorrará la depuradora de aguas residuales, la traída de aguas y el nuevo acceso vial, infraestructuras que eran “imprescindibles” hasta hace muy poco. Con todo ello, Aramón se ahorrará más de 15 millones de euros en un convenio definido como “a la carta”. Para el equipo de gobierno, el proyecto “garantizará a los vecinos disponer de unos servicios de abastecimiento, depuración y alumbrado dignos”. La empresa tiene previsto iniciar los trabajos de inmediato.

En el valle de Tena, sin embargo, lo van a tener más difícil. La comisión provincial de urbanismo devolvió al Ayuntamiento de Sallent de Gállego la macro-operación urbanística que supondrá la construcción de 560 en la ladera sur de la urbanización de Formigal. Además de carecer de los informes del Inaga, la CHE y Protección Civil, al parecer el consistorio presentó el proyecto sin que la secretaria interventora diera fe de que hubiera sido aprobado en pleno.

Aunque el alcalde de Sallent, Jesús Gericó, asegura que hay interesados en comprar todo el suelo, el motivo del desarrollo urbanístico no es otro que la deuda de casi nueve millones de euros que la sociedad municipal Sallent 2025 mantiene con distintos acreedores y que debe abonar antes de final de año. Con el revés administrativo, el ayuntamiento se verá obligado a renegociar los pagos de esa deuda. El proyecto cuenta con el rechazo prácticamente unánime de los vecinos de la urbanización de Formigal.

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