Pirineo: más grúas que montañas

El valle de la Garcipollera (encima de Jaca) fue despoblado en los años cincuenta con el objetivo oficial de prevenir la colmatación del embalse de Yesa. De este modo, el Estado adquirió las fincas de los pueblos de Acín, Villanovilla, Larrosa, Yosa, Béscos, Bergosa y Cenarbe. Abandonado el valle a partir de este momento, sólo ahora, cinco décadas después, está renaciendo. El olvido y las zarzas estaban a punto de devorar a todos estos pueblos cuando Villanovilla ha resucitado mediante la instalación de algunas familias en viviendas reconstruidas.
La Garcipollera, pues, recupera lentamente algunas de sus construcciones. No obstante, lo más llamativo no es este renacer sino que el valle esté flanqueado por otros dos (los del río Aragón y el Gállego) en los que el fenómeno es justamente el contrario: la imparable presión inmobiliaria hace que haya muchas más grúas que montañas. Esta paradoja es cada día más evidente y muchos ciudadanos exigen ya un debate público, que desde la DGA se quiere ignorar.
En el debate hay algunas premisas irrefutables, como que es imprescindible un desarrollo del territorio pirenaico para que sus habitantes no se vean obligados a emigrar por falta de trabajo, como ocurrió en el siglo XX. También es evidente que el turismo es un sector estratégico para Aragón y que Aramón, con su compromiso de reinvertir todos sus beneficios, es una herramienta muy útil siempre que sus actuaciones se guíen por el principio de la excelencia. Sin embargo, también hay falsas premisas. Por ejemplo, no es cierto, como se dice, que el actual modelo de desarrollo del Pirineo se base en el turismo. Aunque es verdad que el parque inmobiliario de segundas residencias en la montaña se está incrementando de forma exponencial, esto no implica la llegada de muchos más turistas que generen riqueza. Los especialistas apuntan a que la vivienda es el refugio más rentable para el capital inversor y, de paso, para el “dinero negro”. Así pues, estamos hablando de una ocupación del suelo por parte del sector inmobiliario o financiero en vez de por el sector turístico. Este hecho es fácilmente constatable: en primer lugar, por los pocos días en que son ocupadas estas viviendas, un promedio de entre 15 y 18 días al año, y en segundo, por la proliferación de agencias inmobiliarias y por el ritmo de transmisiones de la propiedad que afectan a este tipo de inmuebles que están generando plusvalías de forma muy rápida.
Otra premisa falsa es que el Pirineo es tan extenso que siempre estará a salvo del deterioro. La experiencia del litoral mediterráneo es el mejor ejemplo de cómo un ecosistema se puede ver tan afectado que es prácticamente irrecuperable.
En cuanto a la nieve como motor de desarrollo también parte de una idea errónea, aunque muy extendida por todo el mundo: El negocio de la nieve tiene que basarse en grandes operaciones de tipo inmobiliario. Así, todas las ampliaciones de estaciones de esquí que realiza y planea el Gobierno de Aragón a través de su sociedad participada, Aramón, van acompañadas de un plan urbanístico, generalmente a pie de la estación y, por tanto, alejado de los núcleos tradicionales.
Muchos valles, como los de Gestaín o Torla, piden a Aramón una nueva estación de esquí para sus territorios porque creen que es el mejor motor de riqueza. Sin embargo, existen muchas dudas sobre que esto sea así porque la vinculación del esquí a la construcción de segundas residencias crea una situación excesivamente dependiente y, a medio plazo, podría convertirla en insostenible. Para empezar, este modelo de desarrollo turístico, que “vende” el paisaje virgen como uno de sus principales atractivos, tiene un impacto ambiental especialmente notable. Además, muchas de las nuevas edificaciones son uniformes, con escasa calidad y nulo diseño.
Otro mito es el de los puestos de trabajo. Es cierto que la construcción genera muchos empleos inmediatos; pero, una vez acabada la obra, el número se reduce radicalmente, quedando circunscrito a mantenimiento y limpieza. En cuanto a los empleos directos en las estaciones de esquí tienen el inconveniente de su gran estacionalidad.
También hay mucho de falacia en los teóricos beneficios que el modelo proporciona a las arcas municipales de los consistorios que albergan las estaciones. Efectivamente, estos ayuntamientos ven incrementadas sus rentas con la concesión de licencias para nuevas construcciones. Pero después deben mantener de por vida muchos y onerosos servicios (suministro de agua, alcantarillado, recogida de basuras, limpieza de calles, mantenimiento de infraestructuras viarias) para atender a estas nuevas urbanizaciones.
En cuanto a la venta de terrenos es, como dice el dicho, “pan para hoy y hambre para mañana”. Inicialmente suponen una “lotería” para unos cuantos propietarios pirenaicos, aunque son los promotores quienes realmente obtienen las mayores ganancias. No obstante, estas ventajas económicas se convierten en inconvenientes para los jóvenes que quieren trabajar y vivir en el Pirineo.

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