Esquiadores de bristol y birminghan

Cuando esto era jolivú, en Mallén imaginaban plataformas logísticas y el empresario Nozaleda se lanzó a construir el demencial complejo Las Margas (con campo de golf diseñado por Olazábal) y a deconstruir el Balneario de Panticosa plantando allí un postmoderno hotel de doscientas cincuenta habitaciones firmado por Moneo. Ahora, el alcalde de Mallén está imputado, y en cuanto al otro listo… ya lleva no sé cuantos eres, arrastra otras tantos concursos de acreedores y sus delirios pirenaicos no sólo dejarán una huella atroz en el paisaje (lo de Panticosa es inaudito) sino también un negocio insostenible . Cada una de estas aventuras supone un jalón en aquel trayecto por el desatino que tantos incautos recorrieron felices y contentos llamándonos agoreros, negativos y antitodos a quienes nos desgañitábamos pidiendo rigor y prudencia.

Hubo un tiempo en que ataban los perros con longaniza y cualquier cosa era posible. Gran Scala fue jaleada por nuestras instituciones, y sus promotores (unos aventureros de tres al cuarto) firmaban convenios con el Gobierno de Aragón y se retrataban con los jefes en plan colega. En Zaragoza se hacían fabulosos negocios inmobiliarios y en el Pirineo florecían las grúas-torre como lirios en los prados. ¿No se acuerdan? ¡Pues apenas han pasado unos años!. Por entonces, el Ayuntamiento de Villanueva del Gállego prohijó la Universidad San Jorge y les puso gratis el campus a los señores del Arzobispado (que, a su vez, acababan de pegar un pelotazo genial con el viejo Seminario zaragozano). Aquella aventura le ha dejado al citado municipio un agujero multimillonario.

Pero no reblamos. Aramón (sociedad semipública cuyo anterior mandamás es hoy consejero de Economía) va a mantener su línea aérea para traer esquiadores al Pirineo por el aeropuerto de Toulouse. Vendrán clientes, dicen, incluso desde Bristol y Birminghan. ¿Cuánto pagaremos los contribuyentes aragoneses por cada uno de esos exóticos pasajeros británicos? No nos lo han dicho. La temporada pasada traíamos londinenses poniéndoles hasta mil y dos mil euros por cabeza. Pero, claro, ahora estamos en pleno ajuste. ¿No?

 

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