Depurar…responsabilidades

En 2008, el entonces consejero Boné recibió en Londres el segundo premio del Global Water Awards, el prestigioso galardón que reconoce los grandes avances en la gestión del agua. El primer premio correspondió a Singapur, que es referente mundial en un asunto en el que Aragón se ponía a la vanguardia al anunciar un plan de depuración que era pionero en Europa, sobre todo para las montañas. El premio era merecidísimo, no me negarán. El Plan del Pirineo (350 millones) contemplaba la construcción de 297 depuradoras para 292 municipios. Es fácil deducir que si había más depuradoras que pueblos y que en algunos solo viven cinco o seis vecinos, las aguas habrían de volver a los ríos más limpias que la patena. Ese era el objetivo solo que a un precio inalcanzable porque las empresas concesionarias hacían las obras pero deberían adelantar el dinero que luego recuperarían a lo largo de 20 años de explotación gracias al canon de saneamiento. Todo era muy bucólico y pastoril hasta que la realidad se impuso y el sentido común se hizo hueco. Veamos. En Sahún, en pleno corazón del valle de Benasque, hay proyectada una depuradora para 15.000 personas ampliable a otras 15.000. Tiene un presupuesto de ocho millones y ni a la concesionaria ni a los cien vecinos (sí, cien) les salen las cuentas, pues habría que establecer un canon supermorrocotudo para recuperar la inversión. Eso o acelerar los proyectos de Castanesa para llevar hasta el valle a los 30.000 turistas que configuran el proyecto inicial de la depuradora.

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