Cuatro proyectos poco ecológicos amenazan cuatro zonas de alta montaña de aragón

Se prevé construir unas 5.000 viviendas.

Los parajes afectados: Castanesa, Sallent, Canal Roya y el río Aragón.

El río Aragón, afectado directamente por la ampliación de la urbanización de Astún, el monte público de Sallent de Gállego, en jaque por la extensión de la de Formigal, el valle de Castanesa, amenazado directamente por la ampliación de la estación de Cerler, y la zona de Canal Roya y el valle de Izas, en el punto de mira por el proyecto de unión de Astún y Candanchú, son los territorios diana del urbanismo exacerbado en la actualidad.

Las zonas lindan con otras protegidas

Entre todos estos proyectos (los dos primeros están muy avanzados, el de Cerler aún está pendiente de los permisos y el último es una iniciativa que ningún estamento oficial ha querido desmentir) se pretenden levantar al menos 5.000 viviendas y crear miles de plazas hoteleras.

Afectarían a un centenar de hectáreas de montaña, en algunos casos zonas vírgenes. La ampliación de Cerler está proyectada atravesando el valle de Castanesa (zona de alta montaña rica en vida ganadera, falta de agua y con riesgo de aludes) y afectaría incluso al Lugar de Interés Comunitario de los ríos Écera e Isábena.

La extensión de la urbanización de Formigal (que prevé un millar de viviendas y 400 habitaciones hoteleras) conlleva la desprotección de una veintena de hectáreas de monte público que en principio era no urbanizable y se ejecutará dentro de la reserva de la biosfera de Ordesa Viñamal. El monte es además una zona de gran pendiente.

El proyecto para unir Astún y Candanchú se llevaría a cabo en un área considerada como patrimonio natural (aunque no protegida) que limita con el Parque Nacional de los Pirineos franceses y forma parte de un gran corredor biológico.

Además de amplios entornos naturales, los proyectos de urbanización ponen en peligro a diversas especies animales, desde la perdiz nival (típica de Castanesa) hasta el urogallo o el quebrantahuesos. Afectarían también a los pasos del oso pirenaico.

«Hay que apostar por otro modelo distinto al urbanismo salvaje, que es totalmente suicida, basado en la perdurabilidad y el respeto», asegura Paco Iturbe, de la Plataforma en Defensa de la Montaña. La DGA y entidades como ésta trabajarán durante el próximo año en la recién creada mesa por la montaña, que tratará de alcanzar un consenso para hacer una ley del Pirineo.

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