Aramón, el hólding aragonés del esquí, cierra sus oficinas centrales en zaragoza

Aramón, el hólding semipúblico del esquí aragonés que gestionan el Gobierno autonómico e Ibercaja, el principal banco local, prepara su mudanza a la estación de Formigal, en el Pirineo oscense, a la que tiene previsto trasladar en unos meses sus oficinas de Zaragoza.

Todo indica a que esa mudanza va a tener efectos en su plantilla. La empresa ha comunicado a sus 37 empleados los planes de traslado, que incluyen medidas de acompañamiento como el pago, por parte de Aramón, de dos meses de alquiler de vivienda mientras buscan una nueva residencia en el Pirineo.

Aramón ha optado por la vía de la comunicación en lugar de por el ERE (Expediente de Regulación de Empleo). En caso de disconformidad, la legislación laboral solo deja dos salidas a los trabajadores. Una demanda ante los juzgados de lo Social para reclamar que declaren injustificado el traslado, lo que permite el regreso a la antigua ubicación pero exige incorporarse a la nueva durante el pleito, o para solicitar su anulación por haber sido tramitados sin ERE pese a que afectan a más de nueve empleados. La otra es un autodespido en el que la máxima indemnización es la del cese por causas objetivas, 20 días de salario por año trabajado con un límite de doce mensualidades.

UNA ENORME DEUDA DESCENDENTE

Aramón, fundado a mediados de la pasada década, gestiona bajo el formato de un hólding, propiedad al 50% de Ibercaja y de varias entidades del Gobierno de Aragón, cinco de las siete estaciones de esquí alpino de la comunidad: Formigal, Cerler, Panticosa, Javalambre y Valdelinares, mientras siguen fuera las oscenses de Candanchú y Astún.

Todas ellas arrastran problemas económicos desde hace más de una década debido al pinchazo de sus desarrollos inmobiliarios y al descenso de usuarios como consecuencia del cambio en los modelos de ocio que generó el endeudamiento previo a la crisis de 2008. El ejecutivo autonómico decidió intervenir en el sector, que pasó a ser considerado estratégico para el desarrollo de la comunidad: algunas estimaciones le atribuyen una aportación del 7% del PIB y otras apuntan a que genera ingresos por valor de más de 150 millones de euros en la montaña.

Cuando ha pasado más de una década desde su creación, Aramón mantiene un nivel de deuda elevado aunque descendente (algo más de 60 millones tras reducir casi 40 en cuatro años) que combina con números negros en sus cuentas (ocho millones esta campaña) y unas inversiones por valor superior a los 150 millones que entran en su tramo final.

Sin embargo, sus dos grandes proyectos de futuro no acaban de superar la fase de papel. El Gobierno de Aragón ha decidido mantener vivo hasta 2020 el proyecto de la estación de Castanesa, mientras la unión de las estaciones del Alto Gállego y la Jacetania queda supeditada a la superación de unas exigencias ambientales que llevan camino de requerir la intervención de la Comisión Europea por la oposición de los grupos ecologistas.

ABIERTOS A NUEVOS SOCIOS

En este punto, sus responsables abren la puerta a nuevos socios. Aramón debe entrar en una cuarta fase en la que papá, DGA, y mamá, Ibercaja, sean capaces de abrir las puertas a nuevos capitales para que el holding que sea capaz de vivir sin el apoyo de estas entidades”, dijo hace unas semanas en Radio Huesca el presidente de Ibercaja, Amado Franco. Entre otros motivos, porque la normativa bancaria tras el rescate millonario obliga a las entidades financieras a deshacerse de su cartera industrial.

La declaración de Franco desató un vendaval de rumores y especulaciones sobre la identidad de esos futuros socios que fuentes de Aramón niegan de manera rotunda: no va a haber nuevos socios.

Sin embargo, sí se han producido movimientos en el sector. Un grupo de empresarios zaragozanos ligados a los sectores inmobiliarios y de la construcción ha hecho público su interés por adquirir la estación de Candanchú, en la Jacetania. Esta, gestionada por la empresa Etuksa, se encuentra en concurso de acreedores y es una de las que siguen fuera de Aramón.

Fuentes del sector le atribuyen unos beneficios anuales de explotación de en torno a medio millón de euros. Arrastra una deuda de seis millones de euros, de los que 1,5 son impuestos autonómicos de cuyo pago ha sido eximida la estación en la primera instancia de un pleito, otro 1,5 tiene como acreedor a una mancomunidad de municipios obviamente interasada en que el negocio siga abierto y el resto (unos dos millones) los adeuda a particulares y entidades privadas. Los empresarios ofrecen por el control de la estación 3,5 millones de euros, en una fórmula que incluye una pintoresca oferta de pago en fortfaits a los pequeños accionistas.

Su entrada en Candanchú les permitiría acceder al hólding semipúblico tanto por la vía de la integración (permuta de acciones, fusión o ampliación de capital) como por la de la asociación, en este caso mediante el proyecto de la unión de estaciones. La materialización de cualquiera de esas dos eventuales vías de acceso cerraría ese “encuentro en la tercera fase” que, según Franco, situaría a Aramón en el inicio de su cuarta dimensión.

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